Una Propuesta de Pasos Para El Ejercicio Efectivo de La Ciencia Ciudadana

Por: Mireya B. Anzieta Calle

Septiembre 30, 2020

Hacer ciencia socialmente comprometida puede ser una afirmación para algunos inverosímil mientras que para otros suene demasiado obvia; pero evidentemente hoy es indiscutible que los resultados de toda investigación científica de una u otra forma tendrán finalmente algún tipo de incidencia social. La ciencia ciudadana (citizen science), o investigación científica que involucra de manera activa a ciudadanía no especializada en ciencia, emerge así como un modelo concreto de acercamiento de la ciencia a la gente, como ejercicio democrático de generación de conocimiento. Sin embargo, es importante diferenciar la acción científica ciudadana del sólo ejercicio de recolectar datos en labores de asistencia a investigadores, como solía o suele ser habitual en la investigación; obviamente sin desestimar esta crucial labor. Hacer ciencia ciudadana implica que cualquier persona puede realizar una investigación científica real simplemente por la curiosidad y el asombro que le producen fenómenos de la naturaleza y el anhelo de generar conocimiento de primera mano. A continuación compartimos algunas ideas que podrían ser útiles para quienes deseen adentrarse en la práctica de la Ciencia Ciudadana.

  1. Ejercitar la observación de fenómenos que ocurren a nuestro alrededor, no de manera forzada sino como una acción simple y espontánea. La cotidianidad está llena de rutinas que permiten detectar variaciones y patrones en fenómenos sociales y naturales. Abrir una ventana y observar los elementos del entorno, desde los más lejanos al levantar la mirada al cielo; hasta los más próximos como el polvillo acumulado en una rendija, pueden llamar la atención. Realidades simples en apariencia como una telaraña en una grieta, el abandono de residuos en la vía pública; un nido en un árbol, un hongo en medio del pasto, una orilla de playa, etc.; pueden contener rica información que da luces de algo mucho más profundo. El trayecto de la casa al trabajo, las labores domésticas, el cuidado de plantas ornamentales, alimentar una mascota, la interacción con otras personas…el abanico es muy amplio. Lo que cuenta es dejar que nuestra percepción sensorial capte.
  2. Formularse preguntas habitualmente y en esto toda pregunta es válida, aunque para ser respondida con una investigación científica tenga que pasar posteriormente por algún tamizaje o ajuste. Plantear preguntas es tan importante como responderlas. Ojalá cada día sea generador de al menos una pregunta a partir de algo que llamó nuestra atención. Las preguntas pueden además ser compartidas con cercanos y así complementarse o sumar nuevas preguntas. El ejercicio de formulación puede realizarse de modo interactivo con la familia rescatando las vivencias más llamativas de la jornada, y puede convertirse en un elemento de cohesión y de aprendizaje.
  3. Pensamiento Crítico e Identificación de Problemas. La constante observación y formulación de preguntas son los motores para encender el pensamiento crítico y para detectar situaciones que merecen escalar hacia la acción en red que permita responder la pregunta con una investigación y resolver problemas. Pares colaborativos, es decir, otros ciudadanos que a su vez realizan cotidianamente el mismo ejercicio inicial de la ciencia, pueden entrar a participar a partir de esta etapa.
  4. Participación en redes o puesta en común de una problemática de investigación. Aquí el ciudadano científico comparte sus observaciones e inquietudes con grupos locales, redes nacionales o globales, ya sea exponiendo el fenómeno que es de su interés o bien alimentando con su información redes de datos o proyectos ya existentes. Socializar la inquietud científica permite contextualizar el tema y verificar si se trata efectivamente de un problema que requiere atención; pero también puede constituir una importante fuente de datos cuando se realizan observaciones periódicas en el caso monitoreos.
  5. Participación en proyectos e iniciativas específicas. Hoy existen diversas plataformas y proyectos que convocan abiertamente la participación voluntaria de ciudadanos científicos. Plataformas como inaturalist.org o zooniverse.org contienen las observaciones de comunidades en todo el planeta. Paralelamente fundaciones y organizaciones de la sociedad civil también suelen tener iniciativas para la identificación de problemáticas y su resolución a través de la recolección y análisis de datos.

Las prácticas antes relatadas eran impensables hace 20 años o se restringían casi exclusivamente a la labor de universidades y centros de investigación. Hoy tenemos la valiosa oportunidad de participar en el quehacer científico sin tener necesariamente un entrenamiento formal en Ciencia. Aún así, resulta clave que la ciencia ciudadana se sostenga en el ejercicio inicial del asombro y la curiosidad, la observación directa y cotidiana, y sobre todo en la creación de preguntas y el pensamiento crítico.

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