Sustentabilidad & Parques Eólicos

Por: Mireya B. Anzieta Calle

Julio 20, 2020

No cabe duda que las llamadas Energías Renovables No Convencionales (ERNC) han representado en los últimos años una asombrosa revolución en la creación de nuevas fuentes energéticas para nuestro país. Son enunciadas en múltiples espacios tanto del mundo gubernamental y como del privado, en foros internacionales, workshops y otras instancias de discusión y divulgación. Los datos productivos son consistentes respecto a sus bajas emisiones, las cuales son su principal carta de presentación y le otorgan el título de energía limpia. En la ciudadanía las ERNC son reconocidas por sus bondades comparativas respecto a los impactos negativos que implica el uso convencional de combustibles fósiles y es justamente este punto uno de los principales al momento de calificar a este sector industrial sobre la base de términos ambientales.

Las condiciones naturales de Chile y un marco regulatorio favorable, han permitido el rápido crecimiento de la producción eléctrica a partir de estas fuentes, posicionando a nuestro país como líder de Sudamérica en esta materia. En la actualidad la energía solar es la ERNC más consolidada en Chile, seguida por al eólica. En el 2015 se invirtió en estas tecnologías 3,2 mil millones de dólares y dado el número de proyectos en ejecución y en evaluación, todo indica que seguirán creciendo. Debido al gran prestigio de estas energías a nivel nacional, poco o nada se ha cuestionado respecto a su sustentabilidad ambiental, dándose por sentado que son “energías sustentables”. No obstante, la sustentabilidad implica un entramado complejo en donde se incluyen diversas variables; muchas de las cuales no están siendo abordadas por los desarrolladores de las ERNC. Algunas de las variables que suelen estar incluidas en los procesos de evaluación ambiental son: impacto por ruido, impacto visual, impacto en fauna, entre otras; y si bien estos impactos suelen identificarse, describirse y declararse durante las evaluaciones, apenas se hace mención en cómo serán prevenidos y mitigados posteriormente durante la etapa de operación. Específicamente para el componente fauna, las RCAs (Resolución de Calificación Ambiental) escuetamente ofrecen como compromiso la realización de monitoreos durante las etapas de construcción y operación de los proyectos; omitiéndose cuáles serán las medidas concretas para prevenir, controlar, mitigar y/o restaurar la población de fauna impactada y su hábitat. Es en este punto donde el sentido común, la ética y el profesionalismo deben primar en los stakeholders; más aún si hay de por medio sendas certificaciones ambientales, declaraciones de responsabilidad social empresarial y otros mecanismos comunicacionales de llegada al público, a los inversionistas y a los gobiernos de turno.

¿Cuánto de lo que declaran las empresas de ERNC efectivamente se hace? A menos en el ámbito de la gestión de los recursos naturales -y en particular en el componente fauna- es insuficiente. Resulta fundamental tener presente que la operación de parques eólicos implica la coexistencia del emplazamiento con ecosistemas valiosos y que requieren de una radiografía mayor a lo que suele hacerse en los estudios y/o declaraciones de impacto. Una caracterización de línea de base es sólo una captura previa de los elementos del sitio donde se emplazará un parque eólico, ¿y luego qué? ¿qué ocurrirá durante la construcción y operación? Sólo una vez puesto en marcha un parque eólico se evidenciará cuál es la real relación entre su presencia y funcionamiento con el entorno, principalmente, con sus elementos bióticos; y es en este punto donde las herramientas de monitoreo son tan sólo el punto de partida para conocer los efectos en la relación proyecto-entorno.

Como resultado de los monitoreos, y de la gestión integrada y mancomunada entre desarrolladores y consultores de parques eólicos; debieran ya estarse aplicando en Chile procesos de mitigación y restauración ambiental en cada una de las superficies ocupadas por este tipo de proyectos; sobre todo en aquellas que luego de algún tiempo ya presentan suficientes indicadores de modificación del entorno. Contrario a esto, las escasas iniciativas están siendo desperfiladas o de llano silenciadas. (Para más información escribe a info@gbifchile.org).

De haber real interés por parte de las empresas desarrolladoras de ERNC, la distancia entre el discurso mediático y la acción sería menor. ¿Cuanto destinan las empresas de ERNC a la conservación de los recursos naturales de los sitios donde operan? Y de esto ¿cuánta atención ponen a la fauna en riesgo de accidentabilidad? Basta con mirar la página web de ACERA (Asociación Chilena de Energías Renovables), para notar que en la sección de energía “eólica” dedican menos de dos líneas para referirse al “eventual impacto sobre la avifauna”. ¿Y la quiropterofauna? ¿Y los servicios ecosistémicos? ¿Y los demás recursos naturales? Sería interesante saber a qué se refiere Enel Green Power cuando alude que “las renovables han demostrado ser no solo técnica y económicamente viables, sino además competitivas, y pueden convivir armónicamente con los entornos en donde están instaladas”; faltan precisiones respecto a ese “convivir armónicamente”. Entonces, ¿cómo debiera operar ambientalmente un parque eólico para considerarse sustentable? ¿Están dispuestas las empresas de ERNC a incorporar sus pasivos ambientales — principalmente en materia de fauna y servicios ecosistémicos- en la operación de sus proyectos? ¿Qué tan dispuestas están a volver coherentes sus acciones con las premisas ambientales que pregonan?

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